Tribuna Libre
San Martín de Elines y Pronillo: destruir por destruir
Palacio de Riva-Herrera, en Pronillo. / DM
Tendemos a creer que la destrucción del patrimonio cultural, tan característica de la historia de Cantabria, se debe a los costos económicos de mantenimiento del mismo: conservar los inmuebles, muebles y paisajes es, a corto plazo, más causa de gastos que de ingresos.Sin embargo, y contra esta presunción, cada vez son más numerosas las pruebas de que el verdadero problema no es el dinero, sino el desprecio absoluto por cualquier testimonio de nuestro pasado. Nuestros palacios y casonas, iglesias y paisajes no se caen siempre porque no haya quien pague por su restauración y conservación, sino cada vez más a menudo porque los que deben conservarlos, aún recibiendo aportaciones económicas externas para ello y teniendo medios propios más que suficientes, no quieren que sigan en pie. Y es que, aunque sea muy cómodo aceptar la falsa teoría de la imposibilidad económica de conservación del patrimonio, ejemplos de lo contrario como el de la colegiata de San Martín de Elines y como el del palacio de los Riva-Herrera en Pronillo tienen que remover nuestros prejuicios.San Martín de Elines (Valderredible), una de las cuatro colegiatas románicas de Cantabria, declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en 1931, precisa una buena inversión para ser adecuadamente restaurada y ampliar su espacio expositivo. Y hay quien la ofrece desinteresadamente. La Fundación Caja Madrid, dentro de su altruista y generosísimo 'Plan de conservación y restauración integral de iglesias y entornos en la antigua Merindad de Campoo', en virtud del cual se comprometió a destinar un millón novecientos mil euros a la conservación del patrimonio cultural de Cantabria, puso sobre la mesa un compromiso de pago de las obras que necesita este edificio singular perteneciente al Obispado de Santander. Además, el Gobierno de Cantabria, a través de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte, decidió cofinanciar todo el plan de actuación trazado por la referida Fundación Caja Madrid, que incluye 19 proyectos de obras y restauración de monumentos, 10 de restauración de entornos, 15 campañas de restauración de bienes muebles, 4 excavaciones arqueológicas, la incoación de declaración de 6 BIC y sus entornos y un potente programa de información, diálogo y divulgación referido a los proyectos. A este empujón económico se sumó la muy estimable aportación científica de la Fundación Santa María la Real.Teniendo el dinero y los conocimientos necesarios, se emprendió la redacción de un plan de restauración consensuado con el propietario, el Obispado. De estos trabajos surgió un proyecto que al final, después de ser aprobado por la Consejería de Cultura y su Comisión de Patrimonio y pese a contar con un mayoritario apoyo del pueblo, ha sido imposible ejecutar por la oposición del inquilino, el párroco. Así pues, aunque no falta el dinero preciso para protegerla y se obtuvo el consentimiento de su legítimo propietario para la actuación, tenemos una joya arquitectónica en peligro por la incomprensible actuación de quien más debería defenderla.El palacio de los Riva-Herrera en Pronillo (Santander), de propiedad municipal desde hace más de veinte años, es otro ejemplo palmario de patrimonio que se cae no por falta de medios sino por el desprecio de sus guardianes. Este inmueble del siglo XVI, sobresaliente ejemplo de la arquitectura renacentista en Cantabria, declarado BIC en 1979, es uno de los escasísimos edificios anteriores al siglo XIX que han sobrevivido al fuego y a la piqueta en la ciudad de Santander. Acosado desde hace décadas por las edificaciones colindantes (el consistorio santanderino viene demostrando su desapego por el patrimonio cultural desde hace demasiado tiempo), los restos del palacio se resisten a perecer pese al abandono de su actual dueño.Y una vez más no se le está condenando por falta de dinero, que el propietario está últimamente que lo tira (de 5.000 en 5.000 millones de pesetas) en parques rebosantes de cemento, sino por el desprecio de quien más debería valorarlo y protegerlo. Incluso en el supuesto de que le faltara liquidez a tan poderoso dueño, la Consejería de Cultura lleva dos años consignando en sus presupuestos una aportación de 30.000 euros para financiar el estudio previo de restauración del edificio, aportación que no ha sido aceptada por el Ayuntamiento. Y no podemos olvidar que éste promueve un programa de escuelas taller que podría, de haber la menor voluntad de recuperación, dar una oportunidad tanto a los aprendices como al palacio.La conclusión es que el Ayuntamiento de Santander no tiene el menor interés en salvar su, nuestro, palacio de Pronillo. O quizás, que espera repetir la lamentable jugada del Mercado del Este, provocando su caída para después erigir una carísima y subvencionada réplica en plexiglás.
FUENTE: http://www.eldiariomontanes.es/prensa/20061220/santander/martin-elines-pronillo-destruir_20061220.html
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